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El sacerdote de la diócesis de Tarazona y párroco de la Real Colegiata del Santo Sepulcro de Calatayud, Javier Sanz, nos muestra en este artículo cómo ha ejercido su labor pastoral durante el confinamiento. En estas líneas nos cuenta cómo se ha sentido al tener que oficiar la eucaristía con los bancos vacíos; la organización de la catequesis o la ayuda que ha prestado atendiendo llamadas por teléfono o comprando comida a los ancianos. 

Una de las cosas que más me han repetido tras abrir las Iglesias ha sido: “He seguido todos los días las celebraciones por internet. ¡Qué alegría asistir a misa en mi parroquia!”. Algunos se unían a laudes o vísperas (con una media de 200 visualizaciones diarias), a la exposición del Santísimo (400), a la misa (800-1800 los domingos), y las celebraciones de Semana Santa (Jueves Santo 2500; Viernes Santo 1700; casi 3000 la Vigilia Pascual y 1800 la Misa de Pascua). Esto manifiesta el deseo de los fieles de vivir en Cristo.

También habrá quien piense que en estos días la actividad sacerdotal se ha quedado reducida al culto. Pero no es así. A grandes rasgos, podría exponer tres pilares que han sustentado mi ministerio, también en este tiempo.


Liturgia y Oración

No a nosotros, Señor, sino a tu nombre da la gloria” (Sal. 115, 1)

La oración ha tenido un papel más que amplio. Pero no a causa del confinamiento, sino que en la vida del sacerdote –como en la de todo cristiano- la oración tiene que ocupar siempre un espacio preponderante. Sin oración, sin intimidad con el Señor, sin “llenarnos” de Dios… ¿cómo podemos darlo a los demás? Cada día celebraba la Santa Misa a puerta cerrada, compartiéndola, como ya he mencionado, a través de redes sociales. Era impresionante celebrar con los bancos totalmente vacíos. Pero como cada día, y no sólo por esta circunstancia, he procurado celebrar bien, sin prisa, preparando las homilías, los ornamentos, los vasos sagrados… habrá quien piense que no hacía falta tanta “solemnidad”, pero una de las cosas que –espero- nos ha permitido redescubrir esta situación, es que la liturgia no tiene como meta al hombre, sino a Dios. No es una acción nuestra, sino una acción celeste, eterna, a la que nosotros, por pura misericordia de Dios, nos unimos. Todo para Dios. Lo mejor, para Dios.


Catequesis y evangelización

“¡Ay de mi si no evangelizara!” (1Cor. 9, 16)

Cada día los distintos grupos de catequesis recibían un vídeo de 5 minutos con contenido de formación. Muchos padres y catequistas me han hecho llegar la alegría que les suponía a los niños y adolescentes recibir noticias de la parroquia. Manualidades en Semana Santa, vídeos con las fotos que enviaban, mensajes de audio o vídeo por WhatsApp cada domingo para animarles e introducirles en la Misa, juegos, canciones… lo que sea con tal de hacer presente a la parroquia en la familia. También en el acompañamiento a las familias en los entierros ha sido un momento fuerte en el acompañamiento y presencia de la Iglesia junto a las familias que sufren.


Caridad

“Lo que hicisteis con uno de estos hermanos míos más pequeños, a mi me lo hicisteis” (Mt. 26, 40).

He podido atender a muchas personas angustiadas por necesitar ayuda para alimentos, alquiler, electricidad… También -como tantos otros- acercando la compra a personas mayores o enfermas. Pero como “no sólo de pan vive el hombre”, también -gracias a Dios- he podido dedicar abundante tiempo para hablar con muchas personas por teléfono. Llamadas para desahogarse… para compartir un sufrimiento, una incertidumbre… para pedir consejo… para llorar con alguien. Literalmente he pasado (y sigo) horas cada día al teléfono. Espero que haya servido de ayuda.

Como veis, esto no ha sido un “cerrado por vacaciones”. El ministerio sacerdotal no ha estado confinado, sino muy activo.

Y cada uno sabemos dónde nos ha llamado el Señor en estos días a ser útiles y ponernos al servicio de los demás. Por eso también hay que dar gracias a Dios por tantos voluntarios, trabajadores, sanitarios, farmacéuticos, personal de supermercados y tiendas que han estado sirviendo a los demás. Esta es solo una experiencia de estos días. Ni mejor ni peor que otras… simplemente mi experiencia sacerdotal en tiempo de confinamiento.

Javier Sanz.
Párroco de la Real Colegiata del Santo Sepulcro